

EDITORIAL
El vértigo de nuestro tiempo
Es posible que nunca antes en la historia de la humanidad los avances tecnológicos se hayan producido a una velocidad tan acelerada como en la actualidad.
Resulta difícil para la cultura y para los sujetos elaborar transformaciones que ocurren en semejante temporalidad. Muchos de sus efectos y movimientos probablemente solo podrán ser identificados a posteriori, en una suerte de après-coup.
Esto genera una importante sensación de zozobra, incertidumbre e imprevisibilidad, particularmente frente a las transformaciones que comienzan a producirse en los oficios, las plazas laborales, la optimización de procesos y los nuevos alcances de la tecnología.
Si bien la inteligencia artificial trae consigo múltiples posibilidades y facilita numerosas labores, también está trastocando los procesos de pensamiento de los sujetos, desimplicándolos, en ocasiones, del recorrido y aprendizaje necesario que implica producir conocimiento, bajo la promesa de acceder de manera inmediata a la conclusión final de aquello que se quiere conocer.
En esta línea, parece que cada vez más los sujetos necesitan de una autorización o re afirmación a través de la IA ante las distintas preguntas o toma de decisiones que se despliegan en estas plataformas, lo que priva al sujeto de asumir riesgos y tomar una posición más autorizada de sí.
Los efectos psíquicos de la inteligencia artificial y de la tecnologización contemporánea favorecen posiciones subjetivas orientadas hacia el control y la sensación de dominio, en la medida en que alimentan la fantasía de que todo es posible y alcanzable. El contexto de inmediatez debilita, a su vez, la capacidad de lidiar con la espera y de inscribir renuncias, condiciones fundamentales para asumir una posición en falta en la vida.
Asimismo, el sujeto contemporáneo, en su relación con la inteligencia artificial, parece establecer un vínculo particular con el lenguaje. La IA puede llegar a presentarse como un Otro aparentemente consistente y completo, capaz de responder a toda demanda de saber y que, a diferencia de un ser hablante, parece no encontrarse confrontado con la falta y el límite de no saber.
Uno de los retos del sujeto contemporáneo es la posibilidad de sostener un ritmo propio, sin quedar completamente tomado por la velocidad abrupta de transformaciones que ocurren más allá de aquello que puede elaborar.
El psicoanálisis, entre otros discursos, estará atento a intentar leer aquello que va aconteciendo con tanta velocidad, situando que la ciencia, la tecnología y sus avances se confrontarán siempre con la dimensión de lo imposible —con lo real— y que ese encuentro, inevitablemente, tendrá efectos.
Gonzalo Rodríguez
octubre de 2026
Agenda 2026 -2027











